La aparición de variantes cada vez más contagiosas sigue generando inquietudes en la población y en la comunidad científica sobre la efectividad de las vacunas contra el Covid-19 y plantean interrogantes sobre el futuro del plan de inmunización de personas frente a las nuevas cepas que han sido detectadas, pues la

posibilidad de adquirir la enfermedad Covid-19 aún después de la inmunización sigue generando alarma.

 

Una nueva amenaza

Nuevas variantes del virus Sars-Cov-2, como la Delta y la Delta Plus se han intensificado y siguen generando altos contagios, incluso en países donde los índices de inmunización son altos como Reino Unido, Estados Unidos y otras regiones del mundo.

Para el caso de Colombia, el Plan Nacional de Vacunación ha contemplado el uso de biológicos Pfizer, AstraZeneca, Sinovac, Jannsen y recientemente la llegada del fármaco Moderna, que ya se está aplicando a la población en el propósito de lograr la inmunización gratuita en las diferentes zonas del país.

Una vacuna contra cualquier enfermedad según la OMS y la comunidad científica, es considerada exitosa cuando el indicador de efectividad supera el 50%, tal como sucede con todas las que hoy están aprobadas para su uso contra el Covid-19. Sin embargo, la variante Delta, identificada por primera vez en la India y según estudios un 60% más contagiosa que sus predecesoras, ha afectado a las tasas de efectividad iniciales de estos fármacos.

 

No se debe bajar la guardia

Pero más allá de la aparición de nuevas cepas que han puesto a prueba las vacunas contra el Covid-19 y generan alertas frente a su efectividad, la preocupación más grande se evidencia en la falta de apropiación de las personas frente a la importancia de la prevención y la implementación de hábitos de autocuidado, como mecanismos eficientes para contrarrestar los contagios de esta enfermedad.

Lo cierto aquí es que la pandemia ha dejado grandes lecciones aprendidas para la humanidad y sin duda ratifica el compromiso individual y colectivo por la implementación permanente de medidas que permitan mitigar el contagio, y garantizar espacios bioseguridad a partir de protocolos básicos, pues está demostrado que los mecanismos más efectivos para contrarrestar la transmisión del Sars-CoV-2 están en acciones sencillas y cotidianas como el uso permanente de tapabocas, el lavado frecuente de manos y el distanciamiento físico.

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